“En Manos del Aire” de Joan de la Vega, por Agustín Calvo

Joan de La Vega, poemario En manos del Aire

La editorial barcelonesa Libros en su tinta acaba de publicar un libro que reúne gran parte de la poesía de Joan de la Vega, poeta y editor de Santa Coloma de Gramanet: Y tú, Pirene, Una luz que viene de fuera, Via ferrata, Flores del dharma y La montaña efímera. Sin duda, una oportunidad extraordinaria para reencontrarnos con un autor actual. Además, la edición antológica de un autor relativamente joven merece ser celebrada, pues nos enmarca el camino que ha seguido en los últimos años y es, por añadidura, una buena oportunidad para revisar una obra que merece nuestra atención por el calado y la originalidad de su propuesta.

Y es que la poesía de Joan de la Vega contenida en este En manos del aire, –en contraposición a la mayor parte de la poesía actual: centrada en el ámbito urbano–, es una invitación a dejar atrás la urbe, la civilización, la tecnología y adentrarnos en la naturaleza. Pero no en una naturaleza lejana, de otros continentes, sino una naturaleza mucho más próxima: concretamente la de los Pirineos, una naturaleza en estado casi salvaje, de paisajes sobrecogedores y altos picos a solo dos horas en coche de Barcelona.

Pero, ¿cómo acercarnos a la naturaleza?, ¿cómo acceder a ella?, ¿qué nos propone el poeta? Porque, en realidad, la salida de la ciudad y el acercamiento a la montaña, a la naturaleza, no puede ser el camino fácil de una excursión de domingueros, sino más bien una experiencia vital de largo recorrido. Y, además, una experiencia que nos permita acercarnos a palabras como eternidad, efímero, creencia, siempre ha de ser en soledad, en silencio, –es decir: lo contrario a una excursión en grupo–, también para propiciar nuestro autoconocimiento; o como nos dice Joan en el poema de Via Ferrata:

A orillas del Valira

al lado de nadie

invoco mi sitio

 

¿fue siempre este

mi hogar

 

tan azulada

la soledad?

 

Así, lejos la ciudad, ­–donde el paisaje urbano nos llena de soberbia, pues nos hace pensar: todo esto lo hemos construido nosotros­–, ante el paisaje, ante la montaña, nos llenamos de humildad, pues la naturaleza, en su inmensidad ajena a nosotros, es capaz de empequeñecernos pero, también, de incluirnos. Y, en relación al ocio de los urbanitas en la montaña, dice el poeta en La montaña efímera:

Neófitos, urbanitas –cazadores de cumbres- desfilan pendiente arriba a poblar con premura lo ofrecido: su permanencia en falso.

Así pues, el paisaje nos permite desaparecer en él, desparecer como seres individuales; y el poeta llega a escribir en un verso de “Y tú, Pirene”:

Nos escribe el paisaje

Es decir, es el paisaje el que escribe, nos escribe él a nosotros y no nosotros a él, el paisaje no solo nos habla de sí mismo, de los millones de años que tardó en formarse o de su lenta degradación o del cambio climático, sino que, si sabemos observar, si sabemos observarnos, también nos puede hablar de nosotros mismos.

Otro de los aspectos sobresalientes de la poesía de Joan de la Vega, en ese acercamiento a la naturaleza, es que nos permite acceder al ámbito de la creencia. Y aquí, de nuevo, surgen más preguntas: ¿Hay que creer para acercarnos al paisaje o, simplemente, es el paisaje el que nos hará creer? Si tenemos en cuenta que la creencia en lo transcendente es inexplicable, al menos, desde un punto de vista racional, el protagonismo de la poesía se hace patente cuando se convierte en una forma de acceder a lo inexplicable, cuando apuesta por decir lo indecible. En Una luz que viene de fuera escribe el poeta:

sigue su camino de retorno

hacia el suelo

profundo

de ninguna parte.

 

Todo ello nos lleva a identificar la poesía de Joan de la Vega con el oxímoron; o, en otras palabras, que consigue decir lo no evidente, en el límite del nihilismo, para acceder a un conocimiento de la trascendencia desde el encuentro de contrarios que no entran en contradicción.

Por último, en La montaña efímera encontramos en las propias palabras del poeta una buena definición para su poesía:

Quisiera escribir

para que la emoción

fuera más emotiva

más mía.

 

Y, efectivamente, la poesía de Joan de la Vega consigue transmitir y hacer más intensa la emoción y la vivencia.

 

 

En manos del aire, Joan de la Vega, Libros en su tinta, Barcelona 2017.

Reseña: Agustín Calvo Galán, 2017

 

Agustín Calvo Galán nació en Barcelona y es licenciado en Geografía e Historia por la Universitat de Barcelona. Ha publicado los libros de poesía Poemas para el entreacto (2007), A la vendimia en Portugal(2009), GPS (2014) y Amar a un extranjero (XI Premio César Simón, 2014). Su poesía visual ha sido recogida en antologías como Poesía visual española (2007). Además, ha realizado numerosas exposiciones de su obra gráfica, entre las últimas: “Proyecto Desvelos”, octubre 2012, Ex!poesía, Barakaldo (Bizkaia), y “10 años de poesía visual”, junio 2013, Centre Cívic Drassanes (Barcelona).  Su blog personal: http://proyectodesvelos.blogspot.com//

 

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