Ángel Guinda: el total de una vida, por Amador Palacios

Angel Guinda Odisea Cultural
Angel Guinda. Foto Columna Villarroya

Se ha publicado, en edición triunfal, pues son muy esmeradas las ediciones de la editorial Zaragozana Olifante, con la que tanto tuvo que ver Ángel Guinda; ha aparecido, decíamos, el volumen, de algo más de 700 páginas, Vida ávida. Poesía reunida (1970-2022), es decir, las poesías que escribió Guinda (Zaragoza, 1948-Madrid, 2022) desde que tenía 22 años hasta el mismo año de su fallecimiento.

La extensa compilación toma título de uno de los libros de Ángel Guinda, publicado en 1981 en la propia editorial Olifante, a la que el poeta maño estuvo muy unido, ya que su directora, y fundadora, era y sigue siendo actualmente Trinidad Ruiz Marcellán, la primera mujer de Ángel Guinda, de las cuatro con las que se casó. Él aconsejaba, sugería, proponía, sobre los contenidos de la editorial. El presente atractivo tocho no es una edición crítica, no lleva introducción alguna; únicamente se presenta como una compilación de la poesía del zaragozano, sin más; lo que, dado el volumen de su obra, es bastante.

La primera sección lleva el título de ‘Acechante silencio’, título de una elegía publicada en 1973, y reúne primeros poemas escritos desde 1970 a 1979. Entre ellos está el “Soneto de amor”, sobre el que la cantante Rosa León creó la letra “Si eres tú”. Ángel Guinda tuvo la ocurrencia de repudiar su obra anterior a la publicación de Vida ávida, publicado, como hemos dicho, en 1981, dejando fuera algunos títulos que no dejan de tener interés. Yo conocí su poesía a través de su libro Ataire, publicado por la editorial conquense El Toro de Barro en 1975.

Uno de los poemas más emblemáticos de esa colección es “Morir”: “No hay peor muerte que morir de olvido. / Si he de morir de bala o de tristeza, / de enfermedad o de arrepentimiento, / yo quisiera más bien morir atado. / No hay mejor muerte que morir entero, / de pie, de juventud, de ataire solo. / No hay mejor muerte que morir cantando. / Morir de tanto amor, de tanto afán, / de tanto porvenir atesorado. / Morir de haber sembrado el mejor sueño. / Y tener alguien que sabrá contarlo.” Creo firmemente que “Morir” es un gran poema. El poeta y crítico Leopoldo de Luis, autor de la célebre antología de la poesía social española, al publicarse Ataire, elogia al poeta, en una reseña publicada en Cuadernos Hispanoamericanos, diciendo que “se trata de un poeta muy dotado, capaz del poema trascendente y del poema descriptivo, así como puede escribir verso libre y estrofas isométricas de rigurosa rima.” Refiriéndose específicamente a Ataire, De Luis informa que el libro, “variado de temas y de formas”, exalta “las cosas humildes, salvando la realidad cotidiana en el ala de la trascendencia”, incidiendo así en otra de las potentes claves de su poética.

Hace poco, también de las prensas de Olifante salió otro sustancioso libro acerca de Ángel Guinda, su biografía, titulada Las claves de lo oscuro, escrita minuciosa y ampliamente, y con gran rigor, por Benito Fernández.  Ya en la nota introductoria que precede a los prolíficos capítulos sobre el existir, mayormente ajetreado, del poeta, el biógrafo marca la clave de toda su escritura poética: “Si le leemos, no le dejaremos morir, porque él escribió para no morir. Y el lector vive lo que lee.” Éstas son sus verdaderas claves, el poderoso lema de la trayectoria del poeta: escribir para vivir, para no morir; él aconsejaba a todo poeta: Si no puedes vivir, al menos escribe. Escritura efectiva, que viene a constituirse, sin asomo de duda (y el caso de Ángel Guinda es un máximo ejemplo), como sinónimo de vida, de vida ávida, como acertadamente expresa el título de estas obras completas. Agustín Porras, quizá el amigo más íntimo de Ángel Guinda, y buen partícipe, asimismo, de la editorial Olifante, escribió una sabrosa copla ofrendada al amigo en relación con el dilema poesía/vida: “¡Qué generosa la apuesta / de este poeta valiente: / matar el miedo a la vida / y herir de vida a la muerte!” Y el análisis de Porras de la poética del zaragozano es cabal: «De la blasfemia a la oración, de la enajenación a una emocionada lucidez, Guinda viene ofreciéndonos el resultado de la más completa autopsia que pueda hacerse al complejo espíritu que a todos nos anima.”

Guinda se dedicó mayormente a la poesía. Sus ensayos son escasos. En manifiestos y aforismos su inspiración cundió más. Su labor de traducir poesía, especialmente dedicado a verter al español la literatura portuguesa, también la italiana, es más amplio y, a decir verdad, incurriendo a veces en notorios defectos. Yo le reproché alguna de sus soluciones al traducir para el castellano el libro Las espinas de la rosa, de Florbela Espanca, y lo cierto es que él me dio la razón.

Para entender nítidamente su quehacer, nada mejor que leer sus aforismos, pues constituyen una atinada guía para lograr la cabal comprensión de su poesía. Túa Blesa, muy acertado, apunta que los aforismos y la poesía propiamente dicha de Ángel Guinda «son claramente los rastros de un mismo discurrir, diferentes sombras de una única figura.»  Ambos géneros, añade el crítico, abrigan fecundas figuras: antítesis («La sola claridad está en lo oscuro»), paradojas («Solitario: Necesita compañía y es incapaz de acompañar a nadie»), oposición oscuridad/luz («No mires lo que ves  sino lo que te ciega»), vida/muerte («Sólo vivo por y para la poesía. Ella me mata y resucita cada día»), reiterada presencia de la destrucción («La construcción de mi obra es la obra en destrucción»), el ser de la poesía («¿Para qué sirve la poesía? La poesía no sirve, la poesía es»), el ser poeta («El poeta sólo está solo»), el ser («Estar fuera del mundo por llevar un mundo dentro).» Huellas es un librito publicado en 1998 que recoge aforismos escritos desde 1993 hasta el año de la publicación. Antes, en 1992, había aparecido Breviario, su primera colección aforística. El aforismo, que puede ser el elemento del armazón de una poética («En arte, hacer es deshacerse, destruir es crear» –La creación poética es un acto de destrucción es, nada menos, que el título de una antología de sus versos-), posee un acusado componente que hace unir lo poético con lo filosófico. Lo primero acude a la estética de la escritura; lo segundo, a la honda y afilada certeza del pensamiento.  Ahí tenemos a Cioran, para quien los aforismos eran «pensamientos estrangulados». Buena parte de la obra de este filósofo pesimista rumano es aforística. El llorado Luis Felipe Alegre subraya, con mucha originalidad, un principio muy soberano contenido en la poética de Ángel Guinda: «La postura de Guinda es radical: la destrucción como paso previo necesario para el renacimiento del hombre en un universo fuera de este mundo.»

Ángel Guinda cultivó el verso en abundancia, pero también elaboró atinadas prosas poéticas. Espectral, publicado en 2011, es una colección de estas variantes del poema establecidas en una cláusula de “tempo” momentáneo, muy concentrada y que a veces desciende al formato del aforismo: “Tu ausencia me acompaña como un mantra”, “¡Quiero morir de pie, como mueren los árboles!”. Espectral exhibe una acción muy dinámica desde su primera exclamación: “¡Versos míos, girad!”, siendo su continuado discurso un apretado haz de tonos ascendentes o enfáticos, pues los signos de interrogación y admiración son muy abundantes, reforzados por tropos –aliteraciones, dobles sentidos- que aunque se tornen previsibles siempre se muestran sorpresivos (“¿Eres tú, oscuridad, la llama que me llama?”, “El humo que respiro raspa como estropajo”). El tema que prevalece sobre la transparente riqueza expresiva del conjunto es la irradiación del yo del poeta (“Mi perfil es un vaho de ron incandescente”), siendo posible, por tanto, hablar de Espectral como de una escritura memorística exhalada desde la plena condición poética y por la cual la evocación personal siempre se realiza en una urdimbre verbal briosa superadora de la circunstancia objetiva.

No es cuestión alargar, en esta imperativa breve nota, las numerosas características que desarrolla toda la poesía de Ángel Guinda contenida en la ejemplar publicación de Vida ávida que reúne la totalidad de sus poemas. El lector saboreará la lectura como viviendo una aventura, pues eso es lo que abiertamente se propone la poética de nuestro autor: una aventura vital. Ángel Guinda, más que redactar, exclama que hay que «Escribir como se vive», uno de los más contundentes apotegmas que rigen el más sentido de los fundamentos de esa poética esencial; el propio poeta afirma que si no se escribe como se vive, al menos hay que vivir lo que se escribe.

 

Amador Palacios

 

Dos poemas en prosa de Ángel Guinda

 

DE NIÑO YO VEÍA EN ZARAGOZA rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola, hombres con cabeza de falo, hombres con cabeza de copón, hombres con cabeza de mardano, con cabeza de buey, de jíbaro; hombres cabezones, cabezudos, hombres con la cabeza en los pies. Ovejas con cabeza de mujer, mujeres con cabeza de cuna, mujeres con cabeza de cierva, mujeres con cabeza de fogón, mujeres con cabeza de basílica, con cabeza de virgen, de holocausto; mujeres con cabeza de piedad, mujeres con la cabeza entre las manos. Manadas de mujeres y de hombres con cabeza sin ojos, boca, orejas, nariz. Hombres y mujeres sin cabeza. Y cabezas rodando por las calles.

YO VIVO EN UNA NUBE DE TABACO, la más lenta estrategia de suicidio. Oigo desafinar la orquesta de mis bronquios. El humo que respiro raspa como estropajo, lija como flor de alquitrán, tapona la roja arboleda de mi pecho y me ahoga. ¿Qué órgano herido fallará primero, qué otro órgano fallará después? ¿En qué fecha perderé la consciencia? ¿A qué hora se detendrá como un reloj mi pulso? Aspiro la vida en profundas caladas. ¡Hasta donde llegue habré llegado!

 

Amador Palacios (Albacete, 1954) es poeta, traductor y crítico. Ha sido fundador, consejero o director de diversas publicaciones. Colaborador en numerosas revistas de literatura y suplementos literarios. En la actualidad es crítico de “Artes y Letras” de ABC, articulista de El Diario.es y colabora asiduamente en las revistas FronteraD, Campo de Agramante y Odisea Cultural. Miembro del consejo asesor de la Fundación Carlos Edmundo de Ory y uno de los principales estudiosos del movimiento postista. Becado durante varios años consecutivos por la Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa, es traductor de importantes poetas portugueses y brasileños (Cesário Verde, Camilo Pesanha, Miguel Torga, Casimiro de Brito, Lêdo Ivo y Vinicius de Moraes, entre otros). Miembro de la Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL). Ha compilado sus estudios sobre la vanguardia poética española en diversos volúmenes. Biógrafo de los poetas Ángel Crespo, Gabino-Alejandro Carriedo y Dionisio Cañas. Su poesía ha sido recogida en 2018 en la antología Las palabras son nocivas, publicada por la editorial Pregunta de Zaragoza.

 

Imágenes/Texto: La reseña, los poemas y la imagen de portada han sido facilitadas por Amador Palacios a Odisea Cultural, y están sujetos a derechos de autor.

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