Una oración sin Dios de Karima Ziali, reseña de Salma Halifa Elidrissi

portada una oracion sin Dios Odisea Cultural

Leer Una oración sin Dios es como ver a alguien levantar una casa de adobe con las manos llenas de heridas… y sin planos. No es arquitectura francesa, ni diseño escandinavo. Es el arte —tan nuestro— de improvisar refugio con lo que se tiene a mano: palabras heredadas, silencios maternos, anhelos que no caben ni en la mezquita ni en la discoteca. ¿Pinterest? ¿catálogo de Ikea? Nada de eso. Esto es una construcción mora, con su mezcla de intuición, agotamiento, intuición otra vez, y materiales rescatados de varias generaciones anteriores.

Karima Ziali no escribe para agradar a nadie, ni para hacerse un hueco en el escaparate de la literatura multicultural chic. No trata de ingresar en el canon oficial ni de transformarse en “la portavoz de su comunidad”, ese eufemismo que usan cuando no quieren escucharte realmente. Escribe como quien arrastra ladrillos por el suelo de una vivienda a medio hacer: hace ruido, levanta polvo y remueve las cosas que estaban bien quietecitas. Lo que aparece en estas páginas no es folclore, ni exotismo, ni trauma mercantilizado. No hay perfume de azahar, ni mujeres entre visillos suspirando por un occidente redentor.

Este libro es breve pero intenso, como una jornada en la obra a pleno sol, con la radio del albañil sonando de fondo y la espalda que ya no aguanta más. Se lee rápido y se queda dando vueltas, como el olor de la harira que te tomas para reponer fuerzas y que, sin darte cuenta, te enlaza con todas las cenas que vinieron antes.

¿Qué tiene este texto para agitar tanto? Lo primero es una lengua. Un código que no se adapta para que otros lo comprendan. Ziali no endulza ni suaviza el tono. Hay frases que cortan, otras que provocan risa por no llorar, y muchas que simplemente se sienten. Porque reconocemos los gestos, los silencios, las expresiones que en realidad quieren decir otra cosa.

La novela trata sobre esas costumbres que no entendemos, pero seguimos repitiendo, como si el eco de nuestras abuelas aún dictara el guion, aunque ya no sepamos interpretarlo. Habla de brujerías heredadas en secreto, de matrimonios que cruzan fronteras más allá del pasaporte, de idiomas que se atragantan, y de madres que nos quieren tanto que a veces nos empujan sin querer al mismo lugar del que ellas intentaron salvarnos.

Morad, el protagonista, no está haciendo una búsqueda espiritual, ni quiere ser un adolescente ejemplar. Está en obras. En construcción. En demolición, a ratos. Es un joven que intenta edificar su vida entre dos solares vacíos, ninguno hecho para él. Un moro sin manual. Un amazigh sin idioma reconocido. Un joven sin permiso de existir. Y es que con todas sus contradicciones, es eso: el hijo que coloca ladrillos aunque aún no sepa qué tipo de hogar desea. En él resuenan todas las tensiones que atravesamos los hijos del margen: La culpa. El deseo. La herencia. El cuerpo. El barrio. El empleo precario. Rezar aunque no creas, por si acaso. Callar por no decepcionar. Sobrevivir en un sistema que te exige explicarte siempre, pero que no te escucha jamás.

Morad se parece a muchos: a los que conocemos, a los que fuimos. Quiere ser libre, pero no a cualquier precio. Quiere dejar de cargar con todo, pero no sabe cómo soltar sin destruir lo poco que queda en pie. Y eso es lo más potente de esta narración: que no propone redención. No hay moraleja. No hay reconciliación. Hay fractura. Y casa levantada a pesar de ella.

¿Y qué han hecho con esta obra en el panorama literario actual? Pues lo de siempre: tratar de clasificarla. ¿Literatura migrante? ¿Segunda generación? ¿Narrativa de la otredad? Que se queden con sus etiquetas. Esto es literatura mora. Sin pedigrí. Sin permiso. Sin traducción. Narrativa que no busca agradar, sino quedar dicha. Y eso, en un sistema que continúa premiando el orientalismo, es un acto de insumisión.

Una oración sin Dios incomoda, pero sin alboroto. No necesita gritar para que se note la sacudida. Lo hace desde lo cotidiano: desde un Ramadán con resaca. Desde una oración dicha con la boca llena de dudas. Desde una relación con el cuerpo que no encuentra ni placer ni refugio. Desde esa frase que lanza una madre sin saber que va a doler para siempre.

Y es que Karima escribe sin que le pese la mano. Y con eso nos concede permiso a muchas. Permiso para escribir como hablamos. Para nombrar lo que todavía no sabemos expresar. Para levantar nuestras casas, aunque se tambaleen, aunque estén a medio terminar, aunque a veces ni nosotras sepamos en qué dirección van los muros.

Porque lo más importante que nos recuerda es que hay casas que no se heredan. Se construyen. Con el dolor propio. Con lo que se rescata del derrumbe. Con lenguas que no salen en los exámenes oficiales. Y si te la lees, que no se te olvide: no lo hagas con ojos de Europa porque se te escapará. Aquí no hay chalet con domótica ni jardín zen. Hay adobe. Hay grieta. Hay polvo. Hay sombra cuando se puede. Pero es nuestra casa y con eso, a veces, basta.

 

Reseña: Salma Halifa Elidrissi

Obra: Una oración sin dios, de Karima Ziali, Esdrújula Ediciones, 2023.

 

Karima Ziali Itahriouan.  Marruecos, 1986. A los tres años se traslada junto a toda su familia a Cataluña. Convive con el rifeño, el catalán y el castellano desde una edad muy temprana. Licenciada en Filosofía por la Universidad de Barcelona, se muda a Valencia donde obtiene el máster en formación del profesorado. Después de una etapa con una variada trayectoria laboral y de haber vivido en diferentes puntos de la geografía española, se dedica a la docencia en un instituto de Gran Canaria. Al finalizar el máster en investigación antropológica por la UNED, retoma su nomadismo congénito y se asienta en Granada donde lleva a cabo un doctorado en Estudios Migratorios en la UGR. Publica de forma habitual en diferentes medios con artículos y entrevistas. Una oración sin dios es su primera novela de ficción.

 

Salma Halifa Elidrissi. Salma Halifa Elidrissi (Andorra, 1995). Natural de Andorra aunque su corazón pertenece a Melilla. Docente e investigadora, actualmente doctorando en el programa de Lenguas, Textos y Contextos en la Universidad de Granada, con líneas de investigación que giran en torno a las relaciones entre lengua, poder e identidades fronterizas, con especial atención a la cultura amazigh y la moritud. Ha escrito para Afrocolectivx y EsRacismo, entre otros, y recientemente ha lanzado su propio proyecto de divulgación en redes sociales bajo el seudónimo de @tawashiwt, donde intenta abrir pequeños debates y poner en circulación ideas incómodas… y necesarias.

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